La pantalla química. El cine y las drogas

Revista CABEZA

Por Pedro Arturo Gómez

Mudo y drogón

Hacia fines del siglo XIX, en los Estados Unidos, la muy joven mirada del cine se pone a andar, asomándose desinhibida a las geografías del vicio. Entre las zonas de la perdición los fumaderos de opio convocan tanto la curiosidad como la repulsa de las buenas conciencias patriotas, irritadas con esos antros operados por extranjeros mercaderes de exóticas tentaciones: los chinos. Sin embargo, los fumaderos se han vuelto muy populares, tanto que hasta aparecen en las guías turísticas de la época y son tema de algunas películas, como Chinese Opium Den (1894), producida para el Kinetoskopio de Edison, y Rube in an Opium Joint (1905).

En esos mismos años, los medicamentos de venta libre incluían en sus fórmulas drogas adictivas que aseguraban el consumo, como la heroína contenida en un jarabe contra la tos y los dolores de parto, fabricado por la empresa…

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